24.2.12
16.12.11
'En la cama se cuenta todo', no hay secretos entre quienes la comparten, la cama es un confesionario. Por amor o por lo que es su esencia - contar, informar, anunciar, opinar, distraer, escuchar y reír, y proyectar en vano - se traiciona a los demás, a los amigos, a los padres, a los hermanos, a los consanguíneos y los no consanguíneos, a los antiguos amores y a las convicciones, a los antiguos amantes al propio pasado y a la propia infancia, a la propia lengua que deja de hablarse y sin duda a la propia patria, a lo que en toda persona hay de secreto, o quizá es de pasado. Para halagar a quien se ama se denigra el resto de lo existente, se niega y se execra todo para contentar y reasegurar a uno solo que puede marcharse, la fuerza del territorio que delimita la almohada es tanta que excluye de su seno cuanto no está en ella, y es un territorio que por su propia naturaleza no permite que nada esté en ella excepto los cónyuges, o los amantes, que en cierto sentido se quedan solos y por eso se hablan y nada callan, involuntariamente. La almohada es redondeada y blanda y a menudo blanca, y al cabo del tiempo lo redondeado y blanco acaba sustituyendo al mundo, y a su débil rueda.
12.12.11
29.9.11
9.12.10
Con el paso del tiempo, y la poca experiencia que he ido ganando, me he dado cuenta de algo, y es que ODIO las palabras siempre y nunca, y no las odio indistintamente, las odio porque son una cárcel, son dos palabras que te encierran en promesas de algo que nunca volverás a hacer o algo que siempre querrás o serás. Ese pensamiento probablemente estúpido lo tuve ayer por la noche, en el mismo momento en el que me di cuenta de algo horrible; creo que tengo un mal vicio literario: escribir pensando que me leerás.
Pero no me preocupa, nunca fui de vicios, siempre me gustó erradicarlos.