La realidad más evidente es la de que las cosas
han cambiado, todos lo hemos hecho, cada uno a su manera, cada uno a su tiempo
y todos a destiempo.
Odio pensar en que
nunca volveremos a ser lo que éramos, que ahora todo es raro, todo es diferente,
todos lo sabemos y ninguno lo evitamos. Odio hasta saber que lo intenté y que
pronto o quizá tarde me di por vencida. Odio saber que las promesas que nos hicimos
más de una vez no se cumplirán; igual que no lo harán todos esos planes, esos proyectos
de futuro, ni las fiestas, ni los viajes, ni el compartir piso, ni el ver
crecer a nuestros hijos, ni siquiera el vernos crecer a nosotros.