Con el paso del tiempo, y la poca experiencia que he ido ganando, me he dado cuenta de algo, y es que ODIO las palabras siempre y nunca, y no las odio indistintamente, las odio porque son una cárcel, son dos palabras que te encierran en promesas de algo que nunca volverás a hacer o algo que siempre querrás o serás. Ese pensamiento probablemente estúpido lo tuve ayer por la noche, en el mismo momento en el que me di cuenta de algo horrible; creo que tengo un mal vicio literario: escribir pensando que me leerás.
Pero no me preocupa, nunca fui de vicios, siempre me gustó erradicarlos.