Y así es el destino, te pone la miel en los labios para nada y tú te preguntas ¿por qué? Pues para reírse cruelmente de ti, para ver cómo te rebajas poniendo cara de subnormal intentando lamer cada una de esas gotas.
Si es que ya lo dice el dicho, ha tocado fondo pero sigue cavando. Eso exactamente le pasa a mi sentido común.